Textos/Críticas

Luis Felipe Noé: Prologo

PROLOGO

Fernando Amengual tiene varios dones que sabe conjugarlos en el lenguaje visual, una calidad perceptiva muy especial que se manifiesta tanto en la capacidad representativa sensible como en el humor conceptual. En sus obras se unen sensorialidad e inteligencia. Con el tiempo, todas estas cualidades se exhiben en un amplio abanico, pero lo interesante es que hoy se encuentra en un presente donde su aporte es de gran particularidad. Todos estos episodios se ven en este panorama hecho libro que nos está ofreciendo aquí.

Luis Felipe Noé

Prólogo del libro “Episodios: pinturas + dibujos + objetos de Fernando Amengual 1980/2019”. 2019

 

 

Texto en Sala

Volver después de tantos años a instalarse en un caballete al aire libre y sumirse en el color y la luz del paisaje es el objetivo de Amengual.
Su paleta se llena de una luminosidad o se apaga en ese diálogo constante con la imagen presente que el pintor trata de interpretar reduciéndola a grandes pinceles o a pequeños elementos geométricos en un ligero empaste.
Esta visión distinta y diáfana impregna toda la producción de Amengual y persiste en cada obra con certeza y fluidez.

Carlos Colombino
Texto en sala “El color de las Sombras”. Galería Casa Mayor. 2011.

ABRAZÓNICOS, work in progress

Luego de un largo tiempo de silencio pictórico, Fernando Amengual regresa al territorio de la pintura como quien vuelve a habitar una casa conocida, aunque transformada por la experiencia y el tiempo. Frente a la tela en blanco reaparecen las preguntas esenciales del oficio: la forma, el límite, la tensión, el vacío, la respiración del color. Y es desde allí donde emerge el abrazo como núcleo sensible de esta nueva etapa.
El abrazo aparece no solo como imagen, sino como estado emocional y construcción simbólica: una necesidad primaria, un refugio afectivo, una forma mínima y universal de resistencia frente a la intemperie contemporánea. Parejas, amigos, vínculos familiares —o apenas sus vestigios— se insinúan en composiciones donde la figura humana se reduce a lo esencial, casi al borde de la desaparición.
En estas primeras telas, la armonía cromática asume un rol protagónico. Fernando trabaja la sutileza del COLOR-VALOR desde una economía visual precisa: colores que comparten un mismo gris interno conviven en tensiones mínimas, produciendo una vibración silenciosa, contenida, donde el contraste parece disolverse para transformarse en resonancia. Las divisiones entre un plano y otro se vuelven casi virtuales; el ojo no percibe ruptura, sino un desplazamiento delicado del sonido del color sobre la retina.
Minimalismo, color plano, síntesis gráfica y una figuración apenas sugerida construyen el clima de estos abrazos pictóricos. Obras donde el silencio también compone, y donde cada superficie parece sostener una emoción suspendida.
ABRAZÓNICOS es el comienzo de un proceso abierto. Un work in progress donde la pintura vuelve a convertirse en espacio de encuentro, y donde el color, lentamente, encuentra la forma de abrazar.

Enrique Collar
Rotterdam, Mayo 2026. Publicado en el suplemento cultural impreso del diario abc. 2026.

 
LA IMPREVISIBLE MEMORIA

 

Los relatos de viaje, género tan cultivado antes de la aparición de la fotocromía, el cine y la televisión, tenían la virtud de reconstruir en la imaginación los lugares visitados, de tantas maneras como lectores u oyentes hubiera. A su manera, este libro -quizás desconcertante- se inscribe en este género.
Estamos ante un relato icónico hecho de sombras y destellos, de mudez y estridencia, de fragmentos -a ratos- incongruentes. Este no es el México de los clisés turísticos ni el México profundo de la historia del arte y la cultura. Es el México cotidiano y subjetivo de quien, durante una corta temporada en el DF, trata con voracidad de absorber cuanto percibe. Las fotos, no convencionales, son pliegues de una narración abierta a mil articulaciones posibles. Casi un juego de calces en el que cada contemplador puede ensayar sus propias combinaciones. ¿Podría acaso intuirse, en este México de caos y sugestión, al melancólico flanneur? Pues no. El arte del flanneur está hecho de tiempo contemplativo y actitud sosegada. Nada más lejos de este zapping depurado y casi ascético que el autor nos propone.
Hablan los silencios, las ausencias. Estas imágenes, atisbos de una realidad inaprehensible, son como el guijarro que conservamos para poseer la playa, o como la filigrana seca de las nervaduras, que guardan la herencia genética del árbol.
Este es un libro íntimo: una experiencia puertas adentro, aunque el escenario, la mayoría de las veces, sea la calle. Reúne fotos tomadas sin más propósito que alimentar la memoria. Sin embargo, aún así, sus significaciones trascienden el álbum personal y se instalan en el espacio de lo social. Las imágenes, arbitrariamente dispuestas y/o tensadas por vínculos secretos, siguen el orden imprevisible del recuerdo.
Hay cruces significativos, guiños, códigos, señales a descubrir. De las 1200 fotos almacenadas en la i book del viajero, la primera edición rescató unas 200 para compartir con otras miradas. Fue así como surgieron las dos muestras que precedieron a esta publicación. Llegado a este punto, Amengual asumió un gesto radical -tan intenso como la avidez con que fotografiaba- extremando la decisión de dejar solo un trazo mínimo a partir del cual evocar su viaje. Descartó cientos de imágenes -quizás más “representativas”- para optar por una secuencia que alude, desde lo subjetivo, a los aconteceres nimios de la megalópolis. Ha preferido entregarnos un libro que, lejos de la grandilocuencia visual, incita al conocimiento a través de lo deliberadamente no dicho, poniendo en práctica lo que Octavio Paz llamaba “estética de la reticencia”.
Este libro, hecho de complicidades y paradojas, nos entrega claves, como el vitral abierto a otra dimensión en el Palacio de Chapultepec, la evocación de un detalle lateral de la Catedral, fragmentos del Museo de Antropología o del Museo del Niño, la rutina universitaria, el trajín diario, la atenta concurrencia frente a un vídeo de Juan Rulfo, el contrapunto entre Frida Kalho y la ceremonia en la Pirámide del Sol, el sincretismo de la religiosidad popular. Es el México de las pompas del poder, la sátira política, del oasis de un estanque en medio del tráfago citadino, de los vestigios del esplendor, las huellas de la Revolución y los muralistas, de la Colonia y la sociedad prehispánica, de los conflictos sociales, las aspiraciones democráticas, la fiesta cosmogónica y el culto a la muerte.
En estas páginas Fernando Amengual no nos muestra Ciudad de México, nos invita a adivinarla, intuirla, soñarla. Esta ciudad, como expresa Italo Calvino a propósito de otra ciudad, utópica y a la vez real, “no dice su pasado, lo contiene como las líneas de una mano, escrito en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras, en las antenas de los pararrayos, en las astas de las banderas, surcado a su vez cada segmento por raspaduras, muescas, incisiones, cañonazos”. Esta (única y múltiple) es la ciudad que revelan y a la vez ocultan estos “apuntes de viaje”.

Adriana Almada

Capítulo 23 de la edición «COLECCIÓN PRIVADA / escritos sobre artes visuales (en Paraguay)» de Adriana Almada. 2005

Introducción al libro de fotografías de autor «Apuntes de Viaje» de Fernando Amengual, Editado por la Secretaría de relaciones Exteriores de México. 2003..

PINTOR DE BROCHA GORDA

 

Más conocido como diseñador gráfico, Fernando Amengual (Córdoba, Argentina, 1962) está exponiendo, desde el viernes, en el Centro Cultural Citibank, su obra pictórica. Bajo el título de «Dos memorias», reúne una veintena de pinturas (óleo, acrílico, látex),habitualmente sobre cartón, y en otros casos utiliza tela o bien duratex. El tema es siempre el mismo: el cuerpo humano, el rostro humano, el gesto humano.

Amengual recurre no a los finos pinceles de pelo de marta, sino a lo que habitualmente llamamos «brocha gorda», los pinceles para pintar paredes o grandes superficies, porque en su obra insiste en la instantánea del gesto de la persona retratada y la instantánea del gesto que realiza el pintor al retratar a su modelo.

Amengual, parado frente a una de sus enormes obras, explica que en ellas no hay retoques. Es que no hay lugar para rehacer ninguna línea. El más pequeño retoque echaría a perder la fuerza del gesto que más que deslizarse golpea la superficie del cuadro, y se extiende como un río desbordado.

De estos trazos se desprende no sólo la energía y la pasión que pone el artista en cada uno de sus cuadros, sino también van formando los retratos en los que la urgencia no desprecia los sentimientos del modelo que va cargado de una rica serie de sensaciones.

Algunos datos previos

Fernando Amengual tiene una interesante formación académica ya que a los catorce años comenzó a estudiar dibujo y grabado con el maestro Roberto Páez y luego con el maestro José Rueda. Luego participó como coordinador en las Sextas Jornadas del Color y de la Forma organizadas por el Centro Cultural de la Ciudad de Buenos Aires (Museo Sívori).

En 1984 se graduó como profesor nacional de dibujo y pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón, viajó a México usufructuando una beca y expuso sus obras en numerosas galerías de Buenos Aires.

Publicó dibujos, viñetas e ilustraciones en la revista «El Porteño», fue seleccionado para participar en el Premio Fundación Esso y como tal expuso en el Centro Cultural de la Ciudad de Buenos Aires (Museo Sívori).

También expuso pinturas en la muestra colectiva del Salón Estímulo de Bellas Artes.

A partir de 1983 publicó dibujos e ilustraciones en publicaciones tales como «Don», «El Pez», «Arte informal» y «Babel». En 1987 realizó una muestra individual de pinturas y dibujos en la galería «La Trastienda» de la ciudad de La Plata.

En 1993 fue invitado a participar en la instalación colectiva «Postales Porteñas» en la muestra de «Horror Urbano» en el Salón Municipal de Exposiciones de la Ciudad de Buenos Aires.

Desde hace siete años está radicado en Asunción donde tiene su propio estudio de diseño gráfico. Además, trabajó como director de diseño del diario «La Nación» desde su creación hasta el pasado mes de enero.
Recientemente estuvo en Buenos Aires donde expuso diseño de tipografías en la muestra «Letras latinas» en el Centro Cultural Borges.

Es profesor de diseño editorial en la Universidad Católica de Asunción.

La obra que llevó es singular. Se trata de una fuente tipográfica llamada «Latita» porque todas las letras están hechas a partir del anillo que llevan las latas de cerveza y que sirve para abrirlas. Lo notable es que no hay nada agregado y la tipografía surgió de un trabajo minucioso y lento hecho con un cortalatas y unas limas. Realizó así las mayúsculas, las minúsculas, los números y todos los signos ortográficos: interrogación, admiración, coma, comillas, etcétera.

Las letras van en el interior de una lata de cerveza de unos dos metros de largo que él mismo fabricó y que se abre transversalmente. Posteriormente las letras fueron digitalizadas para ser cargadas en la computadora lo que le permite a su autor (o cualquier otra persona) escribir textos con esta singular tipografía.

En su taller, rodeado de pinturas y muebles antiguos de singular belleza, que pertenecían a su familia y los trajo de Buenos Aires, se entusiasma hablando de sus trabajos, mientras en la habitación de al lado, el estudio de diseño gráfico, lleno de computadoras, contrasta por su asepsia con el desorden vital de su estudio de pintura.

Amengual abre carpetas y muestra sus trabajos y proyectos tipográficos, los que tuvieron éxito como aquellos que no llegaron a buen término. Es consciente que se aprende tanto de los triunfos como de los fracasos.

«Quería mostrar esto, la parte pictórica de mi obra -dijo- porque es una manera de deshacerme de esta etapa y me da la libertad necesaria para comenzar otra nueva. Estoy lleno de ideas, hay muchas cosas que quiero comenzar a hacer».

De pronto, en la biblioteca, ubicada al descuido, descubro la reproducción de una fotografía en blanco y negro del fotógrafo checo Josep Koudelka.

«La fotografía es otra de mis pasiones. Acabo de estar en México (fue becado por la OEA para asistir a un curso en la Universidad Iberoamericana de aquel país) y me compré una cámara digital. Traje unas dos mil imágenes que todavía tengo que editar».

Y es aquí donde la instantaneidad de la fotografía se une a la instantaneidad de sus pinturas. Es evidente que no hay barreras, sólo diferencias técnicas, entre los dos lenguajes de su obra.

Jesus Ruiz Nestoza

Texto publicado en el suplemento Cultural del diario ABC. Con motivo de la muestra de Pinturas “Dos Memorias”. 2001.

Los colores de las sombras

1 .-¿Cómo analizar una obra pictórica? Tal vez marcando el detalle. Interesándose por el detalle es como se puede mirar una obra de arte y lleve esta a una reflexión. Y no tomar la obra como un síntoma, como un sueño y se convierta así supuestamente en una vía de acceso al inconsciente, a la subjetividad del artista. Siendo un objeto de pensamiento, la obra de arte, y que lleve a reflexionar es como se puede colocar al artista como adelantado al psicoanalista, el cual debe aprender de aquel, como lo ha enfatizado Lacan. Son los colores de las sombras el detalle de estilo más importante para mí en la obra de Fernando Amengual. Algunas reflexiones que me causa es lo que voy a escribir. De entrada, diré que me parece que hay invención o que la misma se realiza cuando se logra tocar algo de manera viva, es decir, cuando existe algún tipo de plasticidad respecto a la mirada de la cosa.

2 .-Los colores de las sombras en la obra INSTANTÁNEAS, Paisajes del Py, de Fernando Amengual se apreciaban mejor para mí con buena distancia. Marca la distancia una verdad que no se encuentra más allá del cuadro sino dentro y bien distinguido. Tomar distancia ayuda a ver nítidamente lo que está presente. No se necesita, como la época induce cada vez más, de instrumentos técnicos para ver alguna característica fundamental supuestamente oculta en los sentimientos humanos. Son los detalles la distancia los elementos esenciales para aproximarse a una obra y extraer de ellos reflexiones. La mirada no se encuentra llamada por lo que está detrás y que solo se accedería, aparentemente, al punto de interés si se atraviesa tecnológicamente un cuadro.

3.-Creo que los colores de la sombra serían equivalentes al concepto de efecto de sentido en psicoanálisis. Dependiendo de articulaciones de palabras, de significantes, surge el efecto sujeto, el efecto de sentido, el efecto de verdad: el brillo en la “sombra”. La sombra tiene su color a la luz de la obra de Amengual al modo del sentido de las oscuridades humanas. Sombras y colores como oscuridades y sentidos tendrían relación.

4.-Lo visible oscuro no es más que un comprimido, solo existen velos unos detrás de otros. Los colores pictóricos de las sombras como los sentidos humanos están dentro de cada cuadro, el del pintor y el del sujeto, si este se ocupa de sus oscuridades. Todo se encuentra dentro de un marco. Aunque la explosión de la época está viva para suprimir ventanas y en desmarcar códigos. Son los artistas, me parece, los que denuncian y buscan mas allá de su intención, quizás, despertar (Japáy, me gusta decir) al otro de esta vida de saltos y sin vectores. De esta vida social de miradas sin sujeto.

5.-Los colores de la sombra tiene a mi juicio una enseñanza: cada cosa con su sombra tiene su color a los ojos del artista. No existiría un color universal para cada cosa. No es posible vivir sin el color particular de la sombra de cada uno.

6.-Los colores de la sombra parecen oponerse a la “sociedad del espectáculo”, pues esta ofrecen, en tanto sociedad del video, colores que llaman al voyerismo por la iluminación omni-presente de sujetos-cosas- sin-sombras.

7.-Identificar entonces las sombras de los objetos será siempre una defensa por lo real del color particular.

Genaro Riera Hunter
Publicado en Abc color. 2010.

La ley de la selva: Una instalación multimedia 

Al entrar en la sala se ve un cubo de vidrio colgando del techo, a través del cual pasa la luz que proyecta sobre una pared, en directo, el canal de TV de noticias CNN. El cubo de vidrio es una “Jaula para Manos, que encierra un puño” dice Amengual, el autor de la instalación multimedia “La ley de la selva” que se presentó dentro de la muestra colectiva Asuanima en el Centro Cultural de España Juan de Salazar durante tres intensas semanas que concluyeron el 10 de diciembre pasado.

La Jaula de vidrio refleja las noticias “en movimiento” hacia las cuatro paredes y el suelo, y de golpe empieza a transmitir sonidos, relatos de guerra grabados también de CCN, activados por un imperceptible detector de movimiento, que al detectar un visitante dispara un software que envía los sonidos justo encima de la jaula, como si trasmitieran desde ellas mismas.

En el centro de la sala otras dos Jaulas, esta vez de metal y acero están en “el aire” recibiendo e interviniendo otras proyecciones de otras fotografías de manos, esta vez las manos están en la posición de la victoria y del saludo, una cargada con dólares y otra con tierra, y trasmiten noticieros de economía, sorteos de bingo y telenovelas de la tarde.

Se conforma un espacio oscuro, dramático, de ambigüedad, y cuando los tres detectores suman los sonidos de las noticias se vuelve perturbador, agobiante, confuso.

¿Que es la ley de la selva? Es una instalación multimedia donde interviene la tecnología, la escultura, la fotografía, el espacio, el sonido y la luz, para generar un relato visual que invita a la reflexión, motiva la sensibilidad y permite experimentar lo efímero. Dice Fernando Amengual, que  es profesor superior de arte, experto en comunicación y docente en la Universidad Católica de Asunción. Obtuvo becas de post grado en “Estrategias de Comunicación”, México (2001), y “Diseño Estratégico de Productos”, Italia (2002), actualmente es director de “Amengual, Diseño y Comunicación” y ha realizado exposiciones individuales y colectivas en Argentina y Paraguay.

¿Vos crees que esta instalación es arte? Es importante este tipo de emprendimientos como Asuanima, por que ofrece a los artistas y al público, la oportunidad de decidir personalmente, lo que es arte y lo que no lo es. Esta dualidad es una característica fundamental del arte contemporáneo, donde la “obra” se aleja a veces del objeto para abarcar una experiencia personal en un momento y espacio determinado, ampliando el horizonte a valoraciones no solamente estéticas, sino más bien sensoriales o filosóficas. Para mi personalmente, si pensamos que el lugar habitual del arte es la “belleza”, tal vez aquí, no está. “La ley de la selva” es un espacio para la reflexión acerca de la guerra, los medios, el problema de la tierra, el dinero, en medio de los reflejos y las distorsiones que hoy estamos viendo en nuestra sociedad. También es un espacio para los sentidos y la sensibilidad, para pensar en el trabajo y la creatividad, en fín, es el público el que puede decir que le parece.

¿Cómo la hiciste? Trabajé un equipo interdisciplinario, las jaulas son del 2000 y las realicé junto a Gustavo Martínez, las fotografías son de Javier Medina. Joaquín Achával compiló los sonidos y Claudio François los editó. La interactividad y el software se realizó en el Laboratorio de Electrónica Digital, de la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción, el desarrollo fue de Hernán Franco y Roger Acosta. bajo la supervisión de Enrique Vargas y Vicente González.

Fernando Moure

: su mensaje no ha sido enviado

Esta pudiera ser una sentencia o un aviso de revisión. Pudiera ser también – y esto es muy probable- que la modernidad nos muestre su verdad más insalvable, relevándose inevitable en su real mentira.
Cayó la conexión-cortado por falta de pago-estiraron la señal para aprovechar un descuido-me quedé sin saldo-terminó mi batería… Justificaciones de reiterada moda, nada extrañas en este mundo-máquina, que nos sirven siempre como la mejor excusa. Pero, ¿qué importa el motivo si lo que importa es el mensaje?
En la Buenos Aires desesperanzada de finales de los ochenta, Los Redonditos de Ricota aullaban por las calles porteñas una profecía crucial: “El futuro llegó hace rato, todo un palo ya lo ves”. Por aquellos años, como en estos, el mañana dominado por la máquina se ofrecía maravilloso. “Tal vez sabíamos desde aquel entonces que aquella oferta era un engaño y que nada de lo que la computadora nos diga, podríamos luego utilizarla en su contra.
Tal vez ya lo sabíamos, pero no importaba. Tal vez solo nos importaba el mensaje seductor de la modernidad robotizada. Tal vez sencillamente queríamos que nos importe únicamente un mensaje.
Hoy, igual que ayer, en la Asunción de siglo XXI aún habitan en sus calles quienes pretenden escribir mensajes y creer (¡como ilusos!) que llegarán a destino, a pesar de la interferencia impune de la máquina y sus contingencias.
Su mensaje no ha sido enviado es un poco eso: una ilusión de seres anacrónicos que piensan que todavía hay algo que se puede decir con nuestras propias cadenas.
Una carcajada del deseo que pelea a muerte contra la repetición del futuro.
Un menú de opciones para salimos un rato del juego y volver a ser humanos curiosos, desarmando a la máquina para ver de qué mentirosa forma, carajo, está hecho su corazón.

Eulo García
Texto publicado en el diario Utima Hora, 2008.

Biografías Reciclables

“Nada permanece más tiempo en nuestras almas que el lenguaje que heredamos, libera nuestros pensamientos, abre nuestra mente y suaviza nuestra vida”

De un poema en lengua sami (Suecia)

En los últimos siglos, 234 lenguas han desaparecido. A partir del siglo XX, el proceso de muerte de las lenguas se aceleró en forma exponencial, al constatarse que cada año 10 lenguas desaparecen en el mundo. Esta aceleración en la extinción de lenguas es inquietante, de las casi 7.000 lenguas vivas existentes en el planeta, más de 3.000 están en peligro de extinción, según un informe de la UNESCO elaborado en el año 2002 en Ginebra, Suiza. En el presente siglo XXI, el 90% de las lenguas habrán desaparecido si no se toman medidas para evitarlo, de acuerdo al mismo informe.

Más de un millar de lenguas se hablan en comunidades de entre cien y mil habitantes. Hay 553 lenguas que son empleadas por menos de un centenar de personas; están en serio riesgo de desaparecer.

Los lingüistas estiman que una lengua sobrevive si más de 100.000 personas la hablan. Sin embargo, más de 3.000 lenguas en todo el mundo son utilizadas por menos de 10.000 personas y son apenas una veintena las que cuentan con millones de hablantes.

Por su parte, la UNESCO considera que la lengua de una comunidad está en peligro de extinción cuando el 30% de los niños no la aprende.

Al morir una lengua, un capítulo completo de la historia de la humanidad desaparece. Una cultura deja de existir y sin su lengua, se hace muy difícil y a veces imposible rescatar su esencia, poder aprender y aprehender algo de ella.

La sabiduría tradicional de un pueblo incluye secretos sobre cómo tratar el entorno, la tierra y sus riquezas. Estos secretos han pasado en la mayoría de los casos de boca a boca durante centurias y han respetado las características del medio ambiente en que se formaron y desarrollaron. Se trata de “secretos de la naturaleza, que a menudo se encuentra en canciones populares, cuentos, refranes y artesanías de los pueblos indígenas, que se pierden para siempre sepultados en el proceso de globalización actual”, según el informe de la ONU.

La muerte de las lenguas no es un fenómeno de origen reciente. Desde que comenzaron a diversificarse, al menos 30.000 nacieron y perecieron, muchas veces sin dejar huellas. Son escasos los idiomas que lograron cumplir 2.000 años (vasco, egipcio, chino, griego, hebreo, latín, persa, sánscrito, tamil y pocos más)

Lo que sí es un fenómeno reciente es la rapidez con que desaparecen las lenguas en la actualidad. La disminución de la diversidad lingüística se aceleró a raíz de las conquistas coloniales europeas, que eliminaron por lo menos 15% de las lenguas habladas. Así lo manifiesta Ranka Bjeljac-Babbic, catedrática e investigadora de psicología del lenguaje en la Universidad de Poitiers, Francia.

Durante los últimos 300 años Europa perdió 10 lenguas, Australia 230 (sólo quedan 20). En Brasil 540 lenguas murieron desde que se inició la colonización portuguesa, en 1530, según la mencionada investigadora.

El acelerado ritmo de extinción de las lenguas lleva a que, según los pronósticos de la UNESCO, el 90% de las lenguas habladas hoy morirán en el transcurso del presente siglo.

En África, más de 200 lenguas tiene menos de 500 hablantes.

En Estados Unidos y Canadá las 200 lenguas amerindias que aún sobreviven, tienen pocas perspectivas de perdurar.

En América Latina son cerca de 450 las que están en peligro, mientras que en el noroeste asiático sólo 6 de las 47 lenguas existentes tienen posibilidades de mantenerse vivas: 20 están moribundas, 8 próximas a la extinción y 13 en peligro. Las primeras tienen como máximo 10 personas que la hablan, poco más son las que usan las que están próximas a extinguirse y las que están en peligro no son transmitida a las nuevas generaciones.

Por último en Europa se hablan 123 lenguas, de las cuales, 9 están moribundas, 26 cercanas a la extinción y son 40 las que corren peligro.

La desaparición de las lenguas trae consigo peligros similares  a los que afectan a la biodiversidad pues entre la diversidad biológica y la cultural existen muchos lazos que los unen. Las lenguas en peligro son endémicas, como también lo son las especies animales y vegetales. Más del 80% de los países con gran diversidad biológica albergan al mayor número de lenguas endémicas. Los grupos humanos, al adaptarse al entorno en que evolucionan, crean un conocimiento especial de su medio, que se ve reflejado en su lengua. Gran parte de los recursos naturales en peligro sólo son conocidos por algunos pueblos cuyas lenguas están pereciendo. Al morir la lengua, se lleva consigo todo el saber tradicional sobre el medio ambiente.

Los defensores de las lenguas locales defienden su uso  Fomentan niveles más altos de rendimiento escolar, y de participación en los gobiernos locales, una ciudadanía más informada y un mejor conocimiento de la propia cultura, historia e incluso su fe. Se ha comprobado, por ejemplo, que los niños navajos de Rough Rock, en Arizona, que se escolarizaron inicialmente en navajo, tenían un mayor rendimiento en la lectura del inglés que aquellos que sólo se escolarizaron en este idioma.

“Mi lengua, mi apreciada posesión. Mi lengua, mi objeto de afecto. Mi lengua, mi precioso ornamento”

De un poster en lengua maorí (Nueva Zelandia)

Causas

Diversos motivos llevan a que una lengua desaparezca. Guerras, genocidios, desastes naturales, la difusión de lenguas dominantes, así como las prohibiciones oficiales, son factores decisivos en la muerte de las lenguas. Además, la mitad de los idiomas son hablados por menos de 2.500 personas cada uno, según la organización privada Worldwatch Institute.

Por otra parte, la internacionalización de los mercados financieros, la difusión de la información por medios electrónicos y otros avatares de la “mundialización” contribuyen en gran medida en el proceso de exterminio de las lenguas. Hoy, cerca de un 80% de las páginas web están escritas en inglés, pese a que sólo el 10% de la población habla este idioma. Una lengua que no está en Internet casi ha dejado de existir, queda al margen del comercio.

El nacimiento de los estados – nación fue un factor decisivo en la consolidación de las lenguas posteriormente adoptadas como nacionales. El afanoso empeño por instaurar una lengua oficial en la educación, los medios de comunicación y la administración, por parte de los gobiernos nacionales, intentaron eliminar las lenguas minoritarias.

El lenguaje no es una señal de identidad, sino una marca de maldición. No los distingue: los delata. Cuando un indio enuncia a su lengua, ¿empieza a civilizarse o empieza a suicidarse?

 Eduardo Galeano

La UNESCO señala además que “el desplazamiento forzado de una comunidad, el contacto con una cultura más agresiva o acciones destructivas de los miembros de una cultura dominante”, también influyen en forma categórica en la amenaza a las lenguas.

Pronto desaparecerán cerca de 700 lenguas en el continente americano, 200 en Africa, 80 en Asia y 40 en Europa en beneficio de las 8 lenguas más utilizadas del mundo, encabezadas por el inglés.

El inglés es hoy la lengua dominante, como lo fue el latín en la Edad Antigua, mientras que las lenguas indígenas acabarán perdiéndose algunas sin siquiera contar su historia.

Solamente el 3% de las casi 7.000 lenguas del mundo se usan en Europa, mientras que, la región Asia-Pacífico concentra la mitad. La mayor diversidad lingüística se encuentra en Nueva Guinea (la sexta parte de los idiomas del mundo).

El mapa mundial de la diversidad lingüística difiere del de la densidad de población. El 96% de las lenguas son habladas por 4% de la población mundial, y más de 80% de las lenguas están confinadas a un solo país, según las estimaciones de SIL (Summer Institut of Linguistics). Sólo 20 idiomas del mundo cuentan con más de un millón de hablantes. Según la Encyclopédie Millenium (1998), cerca de la mitad de la población del planeta se expresa en una de las ocho lenguas más difundidas: chino (1.200 millones), inglés (478 millones), hindi (437 millones), ruso (284 millones), árabe (225 millones), portugués (184 millones) y francés (125 millones)

Fernando Amengual

En Africa, más de 200 lenguas tiene menos de 500 hablantes.

En Estados Unidos y Canadá las 200 lenguas amerindias que aún sobreviven, tienen pocas perspectivas de perdurar.

En América Latina son cerca de 450 las que están en peligo, mientras que en el noroeste asiático sólo 6 de las 47 lenguas existentes tienen posibilidades de mantenerse vivas: 20 están moribundas, 8 próximas a la extinción y 13 en peligro. Las primeras tienen como máximo 10 personas que la hablan, poco más son las que usan las que están próximas a extinguirse y las que están en peligro no son transmitida a las nuevas generaciones.

Por último en Europa se hablan 123 lenguas, de las cuales, 9 están moribundas, 26 cercanas a la extinción y son 40 las que corren peligro.

Fernando Amengual. 2002.

BIBLIOGRAFIA

No a la Muerte de las Lenguas, Claude Hagegé.
Summer Institut of Linguistics http://www.ethnologue.com
Guía del Tercer Mundo 91/92. instituto del Tercer Mundo Editores, Montevideo, 1992.
Encyclopédie Millenium (1998) www.unesco.org
Worldwatch Institute. www.worldwatch.org
www.lenguas.unc.edu.ar/boletin/num1.htm
Informe de la UNESCO elaborado en el año 2002 en Ginebra, Suiza.
Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE) www.aipenet.com
old.clarin.com/suplementos/cultura/ 2000/03/19/e-00601d.htm
www.algonet.se/~demos/boletin/bolteraria.it/1/articoli/notizie/brogliaccio.html
http://www.ethnologue.com/nearly_extinct.asp
Eduardo Galeano, Ser como ellos y otros artículos, Siglo Veintiuno Editores, México, 1992.

 

Resumen de la investigación de Tesis para la Licenciatura en artes Visuales de la Universidad Nacional de Arte, Argentina. 2002

APROXIMACIONES

“La paz volvió enseguida a mi alma, sentí un goce infinito, tanto espiritual como físico, al zambullirme en el agua fría del arroyo”. Paul Gaugin – Noa Noa

Zambullirse para nadar o hundirse, no es la preocupación del que ama el hecho pictórico. Lo que verdaderamente estremece al artista es el goce es la “sesión” como lo llamamos en el Río de la Plata. La sesión puede durar minutos u horas. Una pintura puede tener una o muchas sesiones, pero lo que más cuesta a impronta del autor es abandonar el cuadro a tiempo; dar el último toque; la última pincelada. Se dice que Toulouse Lautrec no podía alcanzar más de una sesión, al igual que Van Gogh; el temperamento se los prohibía. Para ellos la obra debía concluir con la primera y única sesión, de suceder lo contrario la imagen quedaba latente, pasaba a ser una capa pictórica que en muchos casos quedaba oculta eternamente debajo de la imagen definitiva. Algunos pintores acostumbraban a fondear estos fracasos con algún color neutro. En otros casos por cuestiones de fe o cabalísticas, estos soportes de lienzo o madera, directamente eran destruidos.

Fernando Amengual como pintor, pertenece a esta actitud artística y la ha mantenido a lo largo de estos años a pesar de algunos periodos de interrupción. Encontramos en esta primera individual obras como “El Guitarrista” y los tres notables estudios de la modelo enana, óleos de 70 x 60 cm aprox., pintados en Baires, allá por el `83. De fondo, de estos Chapadures, estoy casi seguro que suena Luca Prodan. El pelado algo nuevo nos traía por aquella época, no sabíamos bien qué, pero pintaba el descontrol a la hora de bailarlo. Charly también tuvo que adaptarse y peló Clics Modernos.
Baires estaba agitada, muchos cambios, muchos estudiantes de arte; la militancia en los pasillos de Bellas Artes movilizaba hasta al nene más careta.
Los resultados de estos talleres guiados por maestros como el “flaco Atilla”, Georgina Labró, Varela Freire; entre otros, eran pruebas de mucho rigor y disciplina, el “oficio”, palabra desconocida hoy por la mayoría de los estudiantes de arte era el primer peldaño para llegar a la libertad creativa.

Pero lo curioso de este universo era encontrarse de repente con gente que dibujaba magistralmente con ortodoxia peronista, y a la hora de pensar el color, lo expresaba con irracionalidad Fauve. En medio de estas contradicciones y movimientos de cintura había que ir encontrando la onda o el estilo de uno.

Amengual bebió de estos licores, y decidió por la ruptura de la forma y la rúbrica del pincel, dos conceptos que desarrolla desde esta época, traslada a Asunción y los explora hasta el extremo.

El uso y abuso del gesto y la frescura Goyariana (fenómeno empalagador de casi todos los ismos pictóricos del Río de la Plata), en Amengual alcanzar un despegue particular. Esto tal vez se deba al trabajo solitario y a su vena de diseñador gráfico y publicista, que sin lugara dudas convive con el arte pop. En su última producción a la que podríamos llamar “Aproximaciones” o “Close up” comprime, golpea y sacude la mirada de cualquier espectador distraído. El detalle es el tema. Un ojo; un perfil o una boca seductora es suficiente para hacernos disfrutar del goce pictórico.

El orden y la visión de un hombre que piensa en función de la comunicación masiva de allá afuera, lucha y se entrega con amor primitivo pintando los bisontes que habitan y corren por dentro. Aquí está el contrapunto que hace cien años a Paul Gaugin le desangraba el corazón y lo obligó a huir a las islas. La diferencia es que Fernando sólo tuvo que navegar mil seiscientos kilómetros para llegar a otro tipo de isla, y encontrar allí algún arroyo con agua fría donde zambullirse para seguir entregándonos pinturas con aroma a mate y malvones

Enrique Collar

Texto en sala para la muestra “Dos Memorias”. 2001.

EL PAISAJE EN EL TIEMPO DE LAS MÁQUINAS

Instantáneas denomina Fernando Amengual una exposición de pinturas inaugurada en galería Casa Mayor de Villa Morra. Obras desarrolladas en los últimos diez años, en locaciones y tiempos reales, en la naturaleza y en la ciudad.

La serie Instantáneas está compuesta de una treintena de óleos de mediano formato de temáticas paisajísticas resueltas en un expresionismo muy gestual y cromático. Las imágenes, construidas desde la contemplación, son el resultado de la experiencia de la producción a plein air o al aire libre del autor. Un artista, dicho sea de paso, de prácticas y formatos plurales, integrado al sistema artístico local desde su llegada al Paraguay en 1995.

En estos paisajes más subjetivos que miméticos, se confrontan el modelo original y su réplica, en una mirada opuesta al realismo. Podría decirse que las teorías del color y el interés en la óptica, como ya lo fueron en las vanguardias de la pintura, son el corazón de esta propuesta pictórica.

En la larga investigación de una década, Amengual se arropó, en primer término, en la tradición del género del paisaje al óleo, fraguada en Holanda y Bélgica en el siglo XVII. En una apuesta decidida por la abstracción, consigue hacer suya una interpretación personal en términos culturales y estéticos de un territorio, lugar o paraje. Y sumarse a una larga y valiosa tradición artística sobre el paisaje en Paraguay.

Técnicamente, suscribe un gesto expresionista cargado de fuerza en la pincelada y en una personalísimo paleta cromática que lo hermana con el trabajo de referentes del expresionismo de las primeras vanguardias (Emil Nolde o Ludwig Kirchner); y a nivel local, podría recordarnos cierta pintura de Jaime Bestard o Edith Jiménez. Sin la máscara de lo objetivo y de la representación literal, el artista acomete la aventura de ver por sí mismo.

Comunicar una otra sensibilidad estética de sus experiencias de estar y vivir en Paraguay, buscaría inscribir una mirada personal que prefigura un tema de interés general.  El periplo, el viaje que realiza el artista por distintos espacios geográficos, desde los últimos ecosistemas de bosque Atlántico tropical a la masa de cemento gris pardo de Asunción, supone también su tránsito vivencial como cronista, con sus urgencias de registro.

Gestuales

La “realidad” del paisaje sería como una materia prima, un pretexto para fantasear, para intentar a partir de ahí contar una ficción. Y además, para desplegar valores plásticos autónomos del tema, como serían la expresividad gestual, el color saturado y fuerte, el ritmo, o la misma materia.

Registrar los paisajes naturales y urbanos es sobre todo una operación de reproducción analógica, una en la que se presupone que lo que vemos sería “el mundo real”. Obras que son testigos, pero mediadas por la subjetividad.  

Como la pintura de sus admirados héroes de las vanguardias, la de Amengual es una más preocupada por los valores de originalidad que de verosimilitud. En sus palabras, “un encuentro entre colores y luces en un tiempo presente, en vivo, sin otras mediaciones más que los pinceles y la tela (…) en las que busco el color de las sombras y los pliegues, intentando encontrar significados más allá de la superficie”.

Al contrastar la mayoría de paisajes de la naturaleza con los paisajes urbanos, el artista pareciera interesarse en ese límite, en la frontera entre cultura y naturaleza. En estos paisajes cabe el registro de un lugar, la técnica, el cálculo; y hasta podría colarse la geografía o la historia, pero, obviamente son obras de arte, o ficciones, como se prefiera. Y lo reconfortante es constatar aquí la versatilidad y vigencia de esta pintura, capaz de brindar otra dimensiones de sentido al paisaje que miramos, casi sin darnos cuenta, cada día.

Fernando Moure

Texto publicado en el suplemento Cultural del diario Ultima Hora.

Tiempo real

Estos RELOJES proponen a diferencia de las máquinas tradicionales que miden esta vida de experiencias consumibles y totalizadoras, dar pistas, o tal vez motivar, para una percepción subjetiva del tiempo asociada a logros o deseos, o a textos literarios.

La oportunidad de cura que implica el adjetivo TERAPÉUTICOS, es sólo una expresión de deseo o de alerta, porque quizás en la palabra esté la oportunidad de un presente más vívido.

La propuesta es simplemente, mirar el reloj ya sin números, y establecer así una experiencia personal con el presente.

Fernando Amengual

Muestra “Tiempo Real”. Relojes terapéuticos. Fábrica Galería de Arte, Villa Morra. Asunción, Py. 2011.

ALBUM MEXICANO

Las imágenes fotográficas que contemplamos pueden ser entendidas como un recorte de apropiaciones visuales de un viajero, o como un álbum fragmentado de interpretaciones y revelaciones, dónde se unen la narración fotoperiodística junto a la evocación romántica para quien se muestra México como un pozo de sabiduría. Fotos obtenidas por un ojo interesado en retratar los tópicos que pueblan el imaginario simbólico mexicano desde una perspectiva exógena, foránea, que focaliza fascinada los temas de la muerte, la fiesta, la ciudad bella y terrible (El De Efe o Distrito Federal), el mercado, la arqueología o el arte; aspectos que cautivan y seducen al autor durante una estancia de dos meses.

Pero como viajero sensible e informado, Fernando Amengual es portador de Fuji finepix 4900 de características digitales, aparato de última generación que permite desflorar toda la realidad y conseguir copias de alta resolución; a la vista en esta serie de obras individuales y grupales. El ahora fotógrafo, que también es diseñador gráfico y artista arriba al Distrito Federal, o al Valle de la Ciudad de México desde Paraguay, para realizar una especialización de estudios, y como vemos en esta muestra, es cautivado por la visualidad feroz de la belleza y la verdad de la ciudad.

En sus ratos libres, se dirige impenitente por todos los rincones posibles de la megalópolis, desde el bosque de Chapultepec donde consigue una toma impresionante del conjunto urbano que escala las laderas del Valle de Anahuac; puede seguir con la imponente plaza del Zócalo, a su paso por mercados, museos y callejuelas de color. O navegar entre los canales acuáticos de Xochimilco, un recuerdo de la imponente laguna en la que estaba asentada Tenochtitlán, de una grandeza comparable a la serenísima Venecia.

El fotógrafo voyeur cumple los ritos románticos del México idealizado por algunos: el de la Revolución Mexicana visto a través de los murales de Diego Rivera, visitas repetidas al Museo de Antropología, para conocer las racíes antropológicas de las culturas agrarias y solares que fundaron el centro urbano insular en la gran laguna de Texcoco, conocido como el lugar de las serpientes y las águilas. En este museo fotografía obsesivamente a las diosas madres aztecas y a la fascinante Cotlicue desde diversos ángulos, así como a las arcanas representaciones de la calavera pre-hispánica; y en las calles a las cruces populares o los escenarios barrocos y modernos de la arquitectura, mientras que en los cementerios recoge visiones fragmentadas de los exvotos u ofrendas en formas de corazones o espadas.

La cotidianidad de la gente, de algún personaje, o de parejas enamorándose llaman la atención por su circunstancia humana y vital, pudiendo sentirse un ritmo de storyboard que comprueba el potente mestizaje cultural y social de la urbe. Pero Fernando también puede captar la emoción abstracta de un detalle o la fuerza de una tormenta; como un mirón solitario sin compromisos, que entretiene sus ojos en ideales esteticistas, plenos de composición e información.

Un viaje por los alrededores le descubren las pirámides; asiste a las ceremonias astronómicas-religiosas y escucha los cantos de dioses desterrados entonados en lenguas vencidas; se involucra en las extroversiones de ritos pre-cortesianos como el baile o performances a veces a medida del turismo. Su curiosidad le lleva más tarde por sitios menos transitados, como los oratorios populares o las ferias de flores (y encontrar una florista vendedora de calas, que le servirá de modelo para su remedo fotográfico del famoso cuadro de Rivera), o admirar las acrobacias de los voladores de Papantla entregados al éxtasis giratorio del vacío.

La vertiginosa experiencia del viaje, resumida en la metrópolis imposible y soñada; cándida y violenta, antigua y nueva, funciona en estas imágenes como un experimento sincrético que recuperan su hondo sentido cultural, sociológico y estético que el viajero ilustrado desea compartir con el público. Instantáneas para una memoria o como puntos de partida para formar nuestra idea de México.

Fernando Moure

Texto publicado en el suplemento Cultural del diario ABC. 2002. Acerca de la muestra de Fotografías “Ciudad de México, apuntes de un viaje” organizada por la Embajada de México.

Retratos Preseciales

“Estos retratos tratan de un contacto entre miradas y palabras, un encuentro entre colores y luces en un tiempo presente, en vivo, sin otras mediaciones más que los pinceles y la tela.
Sin la necesidad de lo objetivo y de la representación literal, intento un registro más vital, entre personas más reales, que se construye en ese instante por pinceladas sujetas a mi particular mirada y sin plan predeterminado, sin ninguna “técnica” como artilugio para lograr un resultado esperado, que haría de cada retratado un solo rostro standard, que perdería subjetividad.
Me gusta imaginar que cualquier imagen que captamos con una cámara fotográfica, en realidad ya está adentro de la cámara, de una forma o de otra, con más tiempo, en automático, con un lente o con otro, el resultado está atrapado a priori en la máquina. En este trabajo se desata la mirada directa sin la mediación de la técnica/máquina, y entonces el “parecido” cambia de sentido y se apuesta a la aproximación, la cercanía, el contacto. Palabras que las máquinas no pueden decir por más esfuerzos de producción, decisiones del autor o retoques en Photoshop.
Estos retratos al óleo, directos y sin retoques, de acción real y presente, están cerca de los sentidos y las emociones, una experiencia singular con resultado abierto.”

Fernando Amengual

Rina

Hay una sombra de la miel 

En la pupila del jaguar despierto nuevamente buscando tus pechos

Devorados por el eco ese animal 

Inverso a mi verso perdido en mí sueño

Despierto muerdo el sueño desgarro la luz

Sumerjo las pestañas del pez

En la puerta

En la puerta

Edgar Pou para Rina (Luque/ 2021). Retrato al óleo sobre cartón de Fernando Amengual. (BsAs./ 48x70cm/ 1980)

Andrés

la noche

mar inquieto

podría tragarte un ojo

pero el instinto galopa olas

cada bar, un puerto

quién sino la noche

amamantaría rocanroles y desasosiegos?

no hay miedo que habite tu cuerpo

no hay

porque sabés, muy dentro sabés que

un noctámbulo cuida 

de otro noctámbulo.

Tess Rivarola para Andrés (Islandia/2021). Retrato al óleo sobre hardboard de Fernando Amengual. (BsAs./ 48x70cm/ 1982). 

Rosaura

Hola: 

Nació Rosaura 

Plena de Amor y Color

Fué un Ser de Luz!

Lucy Yegros para Rosaura (Asunción/2021). Retrato al óleo sobre hardboard de Fernando Amengual. (BsAs./ 50x70cm/ 1983).

María y Daniel

María y Daniel, salidos de una escena de El sueño de los héroes, pintados por Gauna durante su carnaval de la buena suerte de 1982, en posición meditativa, onírica, con pinceladas compasivas, blanco sobre el dolor del copetín-burdel, ella vaporosa dama de blanco, él forzudo capitán Haddock, los ojos paladeando el sueño del pintor, en trance de ganar uno de los habitáculos del amor -uno de ellos se vislumbra atrás en marrón sobre sus hombros- de memoria, con los ojos cerrados, o de girar un tango como dos sonámbulos de la tarde-noche de la vida o esperando que se vacíe el domingo de su grappa y su cocoliche… Mirar este cuadro es volver a pasar por el carnaval de colores del olvido, ir en busca de la anamnesis oculta como una máscara en el sueño del héroe, el pintor o nosotros que miramos, pasamos, por sus colores fatales.

Cristino Bogado para María y Daniel (Asunción/2021). Retrato al óleo sobre hardboard de Fernando Amengual. (BsAs./ 50x70cm/ 1982). 

Fabio

Un puente de adentro hacia afuera 

y de afuera hacia adentro

Tierra 

donde el color

muda en primavera

Algo regresa en amarillo

¿vas a venir querida amiga?

¿vas a venir?

Noelia Buticce para Fabio  (Asunción/2021). Retrato al óleo sobre hardboard de Fernando Amengual. (BsAs./ 50x70cm/ 1981). 

Marcelo

Que no me gane el tiempo de no verte

de no amarte

Que no se habitúen mis espacios a no sentirte

a no temblarte

a olvidarte

Que no sea mi rostro una mancha en tus recuerdos

una persistencia terca y vacía

una paleta de colores desenfrenados

Que el tiempo no me gane

no me niegue

que no me mate

Estoy apostando todo al abrazo

estoy jugada

sin razón ni remedio

estoy jugada

Quiero tocarte sin miedo

beber tu aliento 

respirarte

Que no me gane el tiempo 

que no me gane

estoy jugada

Que no juegue conmigo el tiempo

que no se burle

que no me mate

Monica Laneri para Marcelo (Asunción/2021). Retrato al óleo sobre hardboard de Fernando Amengual. (BsAs./ 50x63cm/ 1981). 

Carlos

Vivo en esa sensación   

de estar atrapado   

en una película de Kubrick, 

en suspenso, 

y no encuentro la salida, 

el final detrás de la 

pantalla.   

El padecimiento es real,

vivo en la ciudad 

de colores callados, 

vidrios rotos

y dolores interminables.

El encierro es real,

la caravana de los ausentes 

silencia el fluir, 

el tránsito de mi sangre. 

La  noche: ese murmullo 

donde acallamos 

la ansiedad.

Vivo estancado en la incertidumbre, 

navego sus  síntomas, 

acostumbrado  a  los  embates 

mi cuerpo se  resiente ante  la quietud.  

Extrañar: 

la  gravedad  del  descenso 

el  vértigo  de  la  caída. 

Qué es aislarse 

sino enfrentarse a uno mismo, 

a  sus  espejos  y dualidades.

Diego Ayala para Carlos (Asunción/2021). Retrato al óleo sobre hardboard de Fernando Amengual. (BsAs./ 50x70cm/ 1981).

Severino

Cuando todo era silencio

el viento en las rocas labró

los primeros versos

De los versos brotaron, melodiosos manantiales

de los manantiales el sol 

transmutó en misericordiosa vida 

a los colores

de los colores descienden los trazos 

y fulgores

He aquí misteriosa  

la creación transmutada de un palustre eterno

que insolentemente proclama:

“¡siempre matices! 

¡el color nunca!”

Miguel Melgarejo para Severino (Asunción/2021). Retrato al óleo sobre hardboard de Fernando Amengual. (BsAs./ 61x80cm/ 1981). 

Rosaura

Rosaura da piruetas en colores, palabras, nostalgias o efigies. Sedente espera el tiempo, allende las pastosas manos en hardboard, poltrona que asiente a su abandono. Confianza que amalgama segundos en trazos nunca iguales, como una grisalla adversa desdibújase y esparce un campo de girasoles. Con la mismísima sutilidad con que aquella damisela mece el cuadro, trazando celajes al receptor, o como la aprehensión de la pintura logra atraparnos, sin estropear la elegancia que hay en ella, considerad pues su mirada y deseadle un buen descenso en Cavidades Orbitarias.

Orlando Orue para Rosaura (Asunción/2021). Retrato al óleo sobre hardboard de Fernando Amengual. (BsAs./ 50x70cm/ 1983).